Festejo y represión: la noche del Obelisco que pasó de la alegría mundialista al gas y las balas de goma
13.07.2026
La noche del sábado 11 de julio había comenzado con el estallido de alegría que solo un triunfo de la Selección Argentina puede provocar. El 3-1 ante Suiza en los cuartos de final del Mundial 2026, con goles clave de Julián Álvarez y Lautaro Martínez, encendió la chispa en cada rincón del país. Como sucede en cada cita mundialista, el Obelisco se convirtió en el imán ineludible para miles de hinchas que, con banderas, bombos y camisetas celestes y blancas, ocuparon la avenida 9 de Julio para celebrar el nuevo paso de la Scaloneta rumbo al título.
Pero lo que debía ser una fiesta inolvidable se transformó, pasadas las 4 de la madrugada, en una escena de caos. El operativo de la Policía de la Ciudad irrumpió en el festejo con una contundencia que muchos testigos calificaron como desproporcionada. Los efectivos de infantería avanzaron sobre la avenida mientras disparaban balas de goma y gas pimienta contra la multitud. A esa presión se sumó el avance de los camiones hidrantes, que lanzaron chorros de agua a presión para dispersar a los presentes. Las imágenes que circularon en redes sociales mostraban a cientos de personas —entre ellas menores de edad y familias enteras— corriendo por la 9 de Julio mientras los efectivos seguían su avance.
El saldo del operativo fue de al menos 13 personas detenidas. El Sistema de Atención Médica de Emergencias (SAME) informó que en la intersección de Cerrito y Lavalle asistieron a varios heridos. El caso más grave fue el de un adolescente de 17 años, que sufrió una herida de perdigón en un ojo y recibió curaciones en el lugar. Un hombre de 26 años, con traumatismo de tórax, debió ser trasladado al Hospital Argerich, al igual que una mujer de 42 años y dos hombres de 42 y 21 años. Otro hombre de 24 años, con traumatismo craneano leve, fue atendido sin necesidad de derivación. Según otras fuentes, el SAME reportó un total de 13 personas con distintas lesiones durante los festejos.
Este episodio no fue un hecho aislado. Tal como había ocurrido el 8 de julio, tras el triunfo ante Egipto en octavos de final, los festejos en el Obelisco volvieron a terminar con un fuerte operativo represivo. En aquella ocasión, se habían registrado 19 detenidos y más de una decena de heridos. La repetición de los incidentes encendió las alarmas y reavivó el debate sobre el accionar de la fuerza pública en las celebraciones populares.
Pero la tragedia no se limitó a las calles de Buenos Aires. La euforia y el nerviosismo que despertó el crucial encuentro de cuartos de final dejaron una huella más profunda. Según informó el SAME, un hombre de 51 años falleció de un infarto durante el segundo tiempo del partido en el barrio de Caballito. El servicio de emergencias reportó siete intervenciones por cuadros cardíacos entre las 22:41 y la 1:27, que abarcaron el desarrollo del partido y el inicio de los festejos.
Mientras el país procesa esta mezcla de euforia deportiva y dolor, la Selección Argentina ya piensa en su próximo desafío: enfrentará a Inglaterra en las semifinales. Un cruce que, más allá de lo futbolístico, remite a la rivalidad histórica que marcó el conflicto de Malvinas en 1982 y aquel inolvidable partido de México 1986 con los dos goles de Diego Maradona. Pero antes de que la pelota vuelva a rodar, queda en el aire una pregunta que los festejos del Obelisco dejaron sin respuesta: ¿se podrá festejar en las calles si llega a ocurrir un triunfo de la selección el miércoles?