Comunicadores del Sur

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Esto es una protesta

9.5.2019

Por Horacio Dall’Oglio

Un alumno de Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires describe una clase de filosofía en la calle, en el marco de una jornada de clases públicas y paro de docentes universitarios por mayor presupuesto y un salario acorde a la inflación.

En la esquina de Puán y Bonifacio los bancos de la facultad son barricadas por donde un policía hace guardia y se pasea de la vereda a la calle, y de la calle a la vereda. A veces son dos o tres los bicipolicías que se juntan, charlan y nos miran, mientras los automovilistas se quejan a bocinazos. Alguno en su Surán negra nos grita “¡Vayan a laburar!”. Nos grita a nosotrxs. Le grita a este círculo de filósofos y filósofas, o filosofxs si se quiere, que interrumpe el tránsito con una clase pública, que se propone hablar de Michel Foucault, el pelado al que le gustaba usar poleras, en medio de un paro de docentes universitarios por un salario digno. ¿Porqué a los filósofos franceses les gustaban tanto las poleras?, ¿para ser filósofo hay que usar polera?, ¿se puede ser filósofo y usar bufanda, por ejemplo? Así parece, varios en esta rueda, donde circulan los mates y los bizcochitos Don Satur, usan bufanda, otrxs capuchas, otrxs pañuelos; lo que tengan con tal de aguantar este “viento del sur, oh lluvia de abril”. En este círculo que se parece a una rueda, circulan los mates, los bizcochos, y Foucault pero también Deleuze, Derrida y Heidegger, la pintura de Magritte, de Klee, de Kandinsky, de Manet y también de Velázquez; todo bajo un despejado cielo nietzscheano que no se parece en nada a este gris cielo caballitense que nos aplasta con porfiado mal tiempo.

Sin embargo, a la vecina de Caballito, tan bien sujetada a sus zapatillas New Balance, y de cuidada cabellera rubia de peluquería de martes por la tarde, que se acerca a increpar a este círculo de filósofxs, poco le interesa si lo que circula es un mate o el polerudo de Foucault; nos manda “a trabajar”, como el de la Surán. Estamos trabajando señora, no hay un cartel, alguien tendría que inventarlo y poner: “Filósofos trabajando, disculpe las molestias”. Pero no, resulta que el cartel no ha pasado aún del No Ser al Ser, y estamos acá, sentados bajo la llovizna que nos interpela con sus “estocadas finas”.

Somos un círculo que no circula, un círculo como una rueda, como las ruedas de los automóviles de alta gama que pasan por la esquina de Puán y Bonifacio, en el perfecto barrio “clasemediero” de Caballito, y donde sus conductores tocan bocina porque su calle de mano única de pronto se ha convertido en un desvío. Pero a los automovilistas —sentados al igual que nosotros aunque dentro de su cómoda máquina— que solo comparten su soledad entre sí, no les interesa el loco Nietzsche, ni el pelado Foucault, y a la teñida-vecina-de-Caballito que nos insulta tampoco. ¿Por qué nos insulta señora? Venga, súmese a esta ágora, a esta comunidad parlante, estamos discutiendo sobre las condiciones materiales de la enseñanza, y en breve arrancamos con Esto no es una pipa del pollerudo de Foucault. Vamos vecina, acérquese a este fuego heraclíteo que ni una llovizna suigenerística/ricotera puede apagar, tómese un mate frío, quédese. ¿Usted de qué lado está, de la semejanza o del simulacro? Ya vemos que por su cara de asco ante estos “vagos” sentados en círculo —como en una rueda, pero un círculo que no circula, que se estanca como una rueda pinchada, que se aferra al piso, sujetados a Puán 480, aunque las piernas no se sientan del frío y por eso estemos como en el aire— que usted, al igual que el gobierno al que seguramente votó y que no concuerda con este tipo de medidas, está del lado de la semejanza; que nos ve como una copia degradada de un modelo ideal de estudiante, de aquel que se queda con su banco en el interior de esas paredes y no en la calle impidiendo el libre tránsito.

Paredes de lo que alguna vez fue una fábrica de cigarrillos y donde se producía algo más que “hippies-fuma-fasos-comedores-de-panes-rellenos”. Trate de sacarnos señora, no tiene idea de lo testarudo que puede ser un filósofo. No sabe del poder de resistencia que tenemos. No lo sabe y no le importa porque solo somos una rueda pinchada que no deja circular a “los taxis que quieren pasar”. Alguien apunta con gran tino: “Sólo somos un problema de vialidad”. Nada más. Señora, esto es una protesta, y somos una rueda pinchada que no va a ningún lado, que molesta, que estorba, una rueda dentada, paradójicamente, sin dientes —nos encargamos de limárselos, a todos—, la antítesis del Progreso, que filosofa a la intemperie.

Acá afuera hace falta una estufa, como la de Descartes, o una frazada, una gran frazada filosofal que nos envuelva a todos, ¿acaso la frazada que puede cubrir a todas las frazadas?, ¿la frazada más grossa, Dios? No, gracias. Estamos practicando la antimetafísica, así que mejor sería un mate más caliente, y por qué no una olla popular con una buena polenta. Somos post nietzscheanos —incluso la señora y los automovilistas— estamos a la intemperie, no tenemos frazadas-dioses con que arroparnos, y nos demoramos por los caminos del pensamiento, y nos desviamos, y rodeamos, damos vueltas para no entrar con los “tanques del concepto”, tal como apunta la profesora, mientras sus manos tiemblan para abrir la hoja correspondiente, bajo cielo encapotado de Caballito. No somos Descartes meditando al lado de su estufa en la Holanda del siglo XVII, inaugurando la Era Moderna en la comodidad, ni tenemos intenciones de serlo, somos este círculo incrustado en la calle que tirita de frío, somos cuerpo, cuerpo que tiembla, que se enfría, cada vez más, como la birome que se niega a escribir, a trazar, a caminar por la hoja salpicada de la llovizna. De pronto el viento afloja y el cielo se despeja un poco. Entre las manchas azules, el gran bigote de Nietzsche pasa en forma de nube, riéndose, a carcajadas, y las lapiceras caminan, caminan juntas, ellas caminan y de a rato corren, corren detrás de Foucault y su pipa, que tampoco es suya. Mientras, nuestros cuerpos de filosofxs se incrustan en los bancos, camperean y acampan, ocupan y molestan, interrumpen y vaguean, se sientan y se asientan, sentados sienten el frío que se cuela y las manos que tiemblan.

Alguno grita desde su Toyota negro: “¡Hasta cuándo van a cortar la calle, la concha de su madre!”, otros solo tocan bocina, y otro, en un orgasmo de insulto, grita “¡Hippies…hippies!”, mientras huye cobardemente por Bonifacio con su Volkswagen rojo metálico. Los autos y sus bocinas; el viento y Borges; los papeles se vuelan; la bicicleta del policía se cae y el policía que mira, nos mira; el mate se enfría; una pareja se besa frente a la mirada atenta de Mariano Ferreyra desde el mural; la música de Rodrigo en la panchería de enfrente; los libros se abren con el viento; otra señora que se queja de esta rueda pinchada con la correa de su perro en mano; un señor empuloverado que se acerca, pregunta y se va, alzando una mano como si fuera Perón, al grito de: “¡Este es el cambio!”; otras tres señoras nos sacan fotos desde la vereda, nos convierten en imagen, a nosotros que filosofamos al ritmo del cuarteto sobre la imagen, y sobre una pipa, o sobre el dibujo de una pipa. Las luces de Puán se encienden; ahora somos sombras en la calle. Los mates se vacían, los cuadernos se guardan, y este simulacro de clase se termina; lxs filósofxs aplauden y se van.

¿Cómo se llama la obra?

8.5.2019

Por Mariano Pagnucco

Referentes de la escena teatral independiente porteña dieron una conferencia de prensa para visibilizar la crisis del sector, que pelea para seguir ofreciendo cultura en los barrios a pesar del desfinanciamiento del Gobierno y la crisis económica que hace peligrar a unas cien salas.

¿Cómo se llama esta obra que tiene en el centro de la escena a las y los artífices del teatro independiente porteño interpretando el papel de ellas mismas y ellos mismos? Son las tres de la tarde del viernes y la sala principal de Timbre 4 -uno de los puntos más populares del under teatral- está explotada de gente, al punto de que los espectadores más rezagados se van sentando en el piso.

Los focos de luz iluminan una mesa rodeada de representantes de la Asociación Argentina del Teatro Independiente (ARTEI) que van a dar comienzo no a una función, sino a una conferencia de prensa para que la sociedad sepa que aquí no hay comedia posible: «Responsabilizamos al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y al Gobierno nacional por la situación de emergencia y precariedad que estamos viviendo todos los que trabajamos en el teatro independiente y por poner en riesgo todo el aporte que nuestro sector realiza al desarrollo económico, social y comunitario y a la cultura independiente de nuestra ciudad», dice uno de los tramos del documento leído.

Las cien salas teatrales que forman parte de ARTEI -que además de ofrecer espectáculos son espacios de formación, experimentación y creación artística- atraviesan dificultades similares: costos cada vez más altos y presupuestos públicos cada vez más bajos. Frente a los incrementos en las facturas de electricidad (en algunos casos de 40.000 pesos o más), la disminución de público (un 30 por ciento menos en los últimos años) y el recorte de los fondos provenientes del programa Proteatro (un 50 por ciento menos que en 2016), algunos de estos puntos de cultura autogestiva han decidido disminuir la cantidad de funciones o bien cerrar sus puertas, ya que el solo hecho de levantar el telón representa un esfuerzo económico imposible de afrontar en el actual contexto argentino.

¿Cómo se llama la obra? «Ojalá que un pueblo nos inspire», le dice Norman Briski a Cítrica desde la vitalidad de sus 81 años. Un rato antes, durante la conferencia de prensa, el actor, dramaturgo y formador de nuevas generaciones había expresado en voz alta, desde una de las butacas, que la salida al problema era «juntarse con el pueblo» para que quede claro que «el Estado es la mierda».

Otro veterano de las tablas, Ricardo Bartís, también intervino desde su condición de espectador: «Acá hay un sector que se beneficia, que es el sector comercial, donde está la guita. El Gobierno porteño utiliza nuestras producciones para jetonear con que el teatro independiente es un orgullo pero después quita presupuesto. Con los sanguchitos que se ofrecieron en la gala del G20 podríamos haber hecho muchos espectáculos». Aplausos y ovación para la platea. La misma platea en la que estaba sentado en absoluto silencio el ministro de Cultura porteño, Enrique Avogadro, que escuchó hasta el final los reclamos del sector y también el cantito generalizado dedicado a la madre del presidente Mauricio Macri.

 

Protagonistas de la crisis

 

Para Valentina Fernández de Rosa, sostén de El Excéntrico de la 18 y tercera generación de mujeres creadoras (nieta de Nelly Prince e hija de Cristina Banegas), la obra montada por las autoridades porteñas se llama «La persistencia», como la pieza teatral de Griselda Gambaro: «Este Gobierno vincula la actividad teatral con lo privado y nosotros tenemos que exigir que se cumplan las leyes que defienden el teatro independiente. Así no podemos seguir, estamos cerrando salas, bajando la persiana. No lo vamos a permitir, somos muchos y tenemos mucha fuerza». Desde su mirada, las respuestas a la crisis pueden encontrarse en la autogestión cultural: «En el teatro independiente entendés que ser parte de algo más grande que vos misma te sostiene, te acompaña, te alimenta, te ayuda a levantarte cuando te caés, te ayuda a pensar mejor cuando estás confundida. Es la fuerza de lo colectivo«.

¿Cómo se llama la obra que hace peligrar los puestos de trabajo de unas 25 mil personas (entre equipos actorales, vestuaristas, iluminadorxs, productorxs, sonidistas, docentes y otros rubros) y pone en riesgo las más de 700 funciones que cada semana son vistas por miles de personas en los barrios porteños? «La indiferencia», responde Claudio Tolcachir, el fundador de Timbre 4 cuando Argentina se hundía hace 18 años en una de sus peores crisis históricas: «Indiferencia e incapacidad son los grandes problemas. Incapacidad de quienes tienen que conducir, porque por más que el país esté incendiado de punta a punta, hay políticas y acciones que se pueden implementar. Este Gobierno, que mira todo desde el punto de vista económico, debería entender que el teatro independiente les da trabajo a escenógrafos, que a su vez contratan carpinteros o herreros. Además de lo económico, se genera un movimiento barrial y social impresionante«.

Para Tolcachir, que también señala «la indiferencia de quienes votan estos proyectos políticos», si no se actúa colectivamente con rapidez se corre el riesgo de que haya «muchas salas cerradas, muchos menos puestos de trabajo y muchas vocaciones cortadas». ¿Qué aprendizajes teatrales ayudan a sobrellevar el presente? «Cualquiera que tiene una vocación está en estado de emergencia. Siempre que estás por caerte inventás algo y te aferrás a la vocación o a un proyecto. Hay que conservar un halo de esperanza y de acción, intentar comunicarse, hacerse oír, juntarse para construir».

Alejandra Carpineti, actriz y productora en el teatro La Carpintería, cree que el título más adecuado para esta obra sería «El teatro independiente dice basta». ¿A qué le dicen basta? «Al lugar rezagado que tiene el teatro independiente en el contexto general del Gobierno y sus políticas, tanto en la Ciudad como en la Nación«.

 

La resistencia en los barrios

 

Por lo expresado en la conferencia de prensa, el problema no es la falta de fondos públicos sino el destino de esos fondos: «Hay dinero para la cultura, lo que queremos discutir es en qué se gasta, queremos discutir las políticas culturales. Es más marketinero apoyar actividades masivas que la cultura independiente«. Según los integrantes de ARTEI, si se suma la cantidad total de espectadores que acumula la actividad teatral independiente, las cifras son más abultadas que las del Teatro Colón o el San Martín. Pero las prioridades culturales de Horacio Rodríguez Larreta, Avogadro y compañía parecen puestas en otro lugar: la porción de fondos del Ministerio de Cultura porteño destinados al fomento del sector pasó del 1,9 por ciento (2016) al 0,89 por ciento (2018).

Raúl Rizzo, actor con varias décadas de oficio en diversos circuitos teatrales, titula la tragedia del presente como «¡Qué decepción!«. Para él, no se debe hablar de vaciamiento cultural sino de coherencia ideológica: «El teatro independiente pone en crisis o señala la trama siniestra que este Gobierno lleva adelante, una política muy parecida a la muerte, como sucede siempre en el sistema capitalista». ¿Hay salida? «Esta coyuntura nos debería servir para generar debates internos y afianzar todavía más el vínculo que genera el teatro independiente con la comunidad. Para que no sean las salas solitas peleando contra un enemigo poderoso, hay que recomponer el tejido social en los barrios y dar juntos la pelea».

En esta obra que tiene al teatro independiente en el centro de su propia escena, el telón todavía está levantado porque recién inició el primer acto. La historia se seguirá escribiendo en las salas y en las calles porteñas.

COMUNICADO DE PRENSA

8.5.2019

NEGOCIOS DE UNOS POCOS O CALIDAD DE VIDA PARA MUCHOS

Los Vecinos Autoconvocados de Villa Crespo contra el Megaestadio Arena denunciamos que el Gobierno de la Ciudad es cómplice en la construcción de este emprendimiento impulsado por el diario La Nación en sociedad con la multinacional AEG Worldwide, el cual está viciado desde su origen por numerosas irregularidades y además tendrá nefastas consecuencias para la vida del barrio.

Este Megaestadio de más de 28 mil metros cuadrados, con capacidad para 16.000 personas -dos veces el Luna Park- y en el que se planean más de 100 shows por año, recibió por parte del Gobierno la misma clasificación de impacto ambiental que un kiosco. Así mismo, se está construyendo en un predio público cedido por la Legislatura porteña al Club Atlanta que, a su vez, lo cedió en comodato al diario La Nación. Pero no es todo: el megaestadio no pagará impuesto inmobiliario ni ABL por los próximos cuarenta años.  

Las irregularidades en torno a su impacto ambiental quedaron al descubierto en marzo, cuando el juez Ammirato hizo lugar al amparo presentado por la Fundación Ciudad, obligando a la empresa a presentar un nuevo informe de impacto ambiental y prohibiendo la explotación comercial e inauguración del megaestadio hasta que lo haga. Pero aún con la inhabilitación de la justicia, la empresa comenzó a vender entradas para diversos shows a partir de noviembre, lo cual es una señal inequívoca de que dan por descontada la aprobación del nuevo estudio de impacto ambiental por parte del Gobierno.

Uno de los requisitos para que el megaestadio se habilite es que cuente con estacionamiento. Pero su construcción nunca fue prevista, de modo que la empresa pretende alquilar las cocheras de la zona ofreciendo sumas exorbitantes, lo cual amenaza la ya escasa cantidad de plazas con las que contamos para nuestros vehículos. El fenómeno es claro: privilegios para un emprendimiento privado, a costa de los vecinos de Villa Crespo. Y por si no alcanza, la dirigencia del Club Atlanta está dispuesta a entregar terreno de su estadio sobre la calle Dorrego para construir allí 300 estacionamientos, aun cuando eso los dejaría sin espacio para una tribuna. Todo por recibir los 40.000 dólares mensuales que La Nación le pagaría al club, a pesar de que proyectan obtener 200 millones por año (es decir, recibirían el 0,25% de las ganancias).

Por último, queremos señalar que admiramos la inmensa calidad artística de Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat, así como reconocemos su nobleza y su coherencia de pensamiento. Por este motivo y ante los shows que tienen planificados en este monstruo de cemento, les decimos que están siendo contratados para presentarse en un estadio que está inhabilitado judicialmente, cuyo funcionamiento dañará profundamente un hermoso barrio de la ciudad que los ama. Les pedimos que no contribuyan con su talento y su arte al negocio de poderosos que siempre han estado en la vereda de enfrente de todas las cosas en las que creen.

Vecinos Autoconvocados de Villa Crespo

contra el Megaestadio Arena

Facebook: NoalMegaestadioArenaenVillaCrespo

"El mejor homenaje para todas las víctimas de la violencia institucional es estar en la calle luchando"

7.5.2019

En el marco del Día Nacional de la lucha contra la Violencia Institucional, Dolly Demonty, madre de Ezequiel Demonty asesinado por la Policía Federal convocó a participar de la jornada que se realizará el 8 de mayo a las 13:00 en Plaza de Mayo. 

Este miércoles 8 de mayo, en el marco del Día Nacional contra la Violencia Institucional, madres, familiares y víctimas con distintas organizaciones políticas y sociales convocan a una jornada que tendrá lugar en Plaza de Mayo a las 13:00. Durante la actividad se realizará una radio abierta, una olla popular y un acto de cierre. Allí participarán legisladores/as, diputadas/os y organismos de Derechos Humanos.

Dolly Demonty, madre de Ezequiel Demonty asesinado por la Policía Federal en 2002, convocó a participar de la jornada: “El mejor homenaje para Ezequiel y todas las víctimas de la violencia institucional es estar en la calle luchando y que estén orgullosos de nosotras que estamos luchando por todas las violencias que está ejerciendo el Estado”.

Además Dolly subrayó: “Estamos viviendo una época muy dura. Como madre nunca pensé que íbamos a retroceder tanto con un gobierno que legitima la violencia, el asesinato, le da vía libre a sus legisladores, diputados y funcionarios en general para que sigan hambreando al pueblo, que empeoren la educación, la salud”. Y agregó: “Nosotras como madres empezamos luchando por justicia. Después empezamos a poner comedores, hacer un centro comunitario para ayudar a otras personas. Realmente hoy por hoy hay que estar al lado de todo el mundo.”

Esta jornada se pensó en un marco de enorme avance de violencia institucional. Las políticas actuales no sólo excluyen cada día más a un enorme porcentaje de la población sino que, junto con ello, promueven un discurso que legitima el abuso policial y la criminalización de la pobreza. Sin ir más lejos, el presidente Mauricio Macri y la ministra de Seguridad Patricia Bullrich reconocieron como "héroe" al policía que dio el nombre a la doctrina oficial "Chocobar" luego de que él mismo le disparara a un joven por la espalda.

“Son torturadores y sádicos. Disfrutan de lo que hacen. Vinieron a hacer lo que están haciendo. No son locos. No es que no saben gobernar. Ellos no vinieron a gobernar para todo un país. Vinieron a gobernar para unos pocos y lo que están haciendo lo están haciendo bien”, sostuvo Dolly Demonty.

Desde el Colectivo de madres, familiares y víctimas de Violencia Institucional expresaron que "es necesario que todas las voces formen un grito de denuncia a este modelo político injusto, que busca legitimar la violencia policial, la discriminación y el gatillo fácil en el marco de un país que cada vez es más excluyente".

 

Cien Evitas coparon las calles para "evitar el macrismo"

7.5.2019

Fueron cien Evitas a 100 años de su nacimiento. Acompañadas por miles, marcharon del Obelisco al ministerio de Desarrollo Social para rendir homenaje a la abanderada de los humildes y en apoyo a CFK: "Para que Cristina vuelva a ser quien conduzca nuestra Nación", destacaron desde la organización de la performance artística y política. 

En el centenario del nacimiento de la jefa espiritual de la Nación, un grupo de cien personas diversas encarnó a cinco Evitas - la actriz, la sindicalista, la Montonera, la de gala, la de La Razón de mi vida - "para reinventarla desde el presente con el objetivo de dejar sentado un doble anhelo: terminar con el macrismo y que Cristina vuelva a ser quien conduzca la Nación", afirmaron desde el Comando Evita, organizadores de la performance artística y política.

Las Evitas fueron acompañadas por una multitud en el centro porteño. Marcharon con una bandera con la leyenda "Evita el macrismo" desde el Obelisco hasta el ministerio de Desarrollo Social.

Durante las cuadras que separan esos dos puntos neurálgicos de la capital argentina, las Evitas entonaron una y otra vez una versión de Evita Capitana, que en una de sus estrofas dice: "Por esa gran argentina/Que nunca nos traicionó/Peronismo con Cristina/Machirulo sos cagón", en un claro apoyo a la actual senadora y ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. 

Una vez que las cien Evitas, acompañadas por una multitud, llegaron al ministerio de Desarrollo Social realizaron allí la segunda parte de la performance: con la emocionante canción de Charly García, "Los Dinosaurios", las Evitas homenajearon a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo poniéndose en la cabeza el famoso pañuelo blanco. 

Luego, para terminar, las Evitas realizaron un simulacro de votación. Cada Evita depositó su "voto" en una urna. Como era de esperar, CFK ganó la "elección" con 100 votos. 

Desde el Comando Evita informaron que esa urna iba a ser entregada en la noche de ayer a Cristina Kirchner, pero como la senadora no se encontraba en la Ciudad, las Evitas custodiarán la urna hasta que CFK las reciba.

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